La tecnología y la captura de datos en campo están cambiando la forma en que entendemos los riesgos logísticos. Durante años, la industria de exportación de frutas ha perfeccionado casi todos los eslabones de la cadena de frío: selección de variedades, manejo postcosecha, control de temperatura, atmósferas controladas y mejoras logísticas.
Sin embargo, hay un factor físico que casi no se mide ni se estudia en las operaciones diarias: el impacto de la radiación solar en los contenedores refrigerados.
En mercados exigentes como el del mango, donde la vida útil depende de pequeños cambios de temperatura, este factor puede marcar la diferencia entre una llegada exitosa y un reclamo comercial.
Muchos expertos señalan que existe la idea de que los contenedores refrigerados funcionan como un sistema totalmente controlado, capaz de mantener condiciones internas constantes sin importar el entorno. Pero en la práctica no es así.

“Cuando un contenedor está expuesto al sol, especialmente en cubierta o en terminales abiertas, puede recibir niveles de radiación solar que superan fácilmente los 800 a 1.000 W/m²”, explica Claudio Aguilar, CEO de RSK Group. “Esa energía impacta directamente en el techo y los lados metálicos, superando la temperatura ambiente”.
Aguilar añade que, aunque el equipo de refrigeración funcione correctamente, parte de ese calor se transmite hacia el interior. En contenedores más antiguos o menos eficientes, esto puede generar zonas donde se acumula el calor, mayor esfuerzo del sistema de frío, variaciones de temperatura cerca de la carga y estrés acumulado en la fruta.
“El problema existe, pero muchas veces no queda registrado de forma clara en los controles habituales”, agrega.
Esta situación puede ser especialmente crítica en productos como el mango, que es muy sensible a los cambios de temperatura durante el transporte. Incluso pequeñas variaciones pueden acelerar la maduración, reducir la firmeza, afectar el color, aumentar problemas fisiológicos y acortar su vida comercial al llegar al destino.
Paul Maxwell, gerente comercial de RSK Group para Chile y Perú, señala que este escenario es complejo para exportadores e importadores, ya que la fruta puede salir en excelente estado y aun así llegar en malas condiciones.
“Normalmente se buscan explicaciones en distintos factores: la carga, la ventilación, la manipulación o simplemente la variabilidad natural”, comenta. “Pero casi nunca se considera el impacto de la exposición al sol durante el viaje”.
Un gran avance en digitalización
En la última década, la industria ha avanzado mucho en digitalización, pero todavía muchos procesos se basan en información incompleta, como la temperatura interna del contenedor o los parámetros configurados.
“Casi nunca se registran las condiciones externas, ni el entorno durante la carga y el cierre del contenedor”, explica Maxwell.

Esto deja un vacío importante al momento de hacer reclamos o analizar lo ocurrido después del transporte. Sin datos objetivos del entorno, es muy difícil saber si la carga estuvo expuesta a estrés térmico externo.
“Y ahí es donde aparece una oportunidad”, añade.
Instuffing: medir el entorno en el momento clave
La aplicación móvil Instuffing, desarrollada junto con RSK Group, surge justamente para cubrir esa falta de información.
Según Maxwell, la idea no es reemplazar los sistemas actuales, sino complementarlos. La herramienta permite registrar datos como radiación solar, temperatura ambiente, velocidad del viento, fotos y condiciones operativas en el momento de la carga y cierre del contenedor.
Esto convierte un proceso que antes era solo documental en algo que también se puede medir técnicamente.
Con esta información, se puede construir una base de datos que ayude a identificar en qué condiciones se cargó el contenedor, cuánta exposición solar tuvo durante la operación portuaria y si existe relación entre alta radiación, ciertos reclamos y la antigüedad del contenedor.
“Por primera vez, la industria podrá relacionar el estado final de la fruta con las condiciones reales a las que estuvo expuesta”, afirma Maxwell.
De reaccionar a prevenir
Tradicionalmente, el control de calidad en exportaciones se ha enfocado en analizar lo que pasó después del viaje. Pero esto está cambiando.

El futuro apunta a modelos más preventivos, que permitan registrar las condiciones desde el origen y tomar mejores decisiones, como evaluar riesgos antes del envío, medir la exposición acumulada al sol, tener criterios más justos en reclamos y optimizar la logística con datos reales.
“En un entorno donde los márgenes son cada vez más ajustados, anticiparse a los riesgos puede marcar la diferencia entre ganar o perder dinero”, concluye.
Fuente: Fresh Fruit Portal
