Las recientes interrupciones en vías estratégicas del transporte marítimo global han reforzado la necesidad de replantear la planificación logística. De acuerdo con un análisis de McKinsey & Company, las compañías que dependen de las extensas cadenas de suministro global deben comprender con mayor precisión su exposición a los denominados puntos críticos de congestión (chokepoints), es decir, puntos críticos donde una restricción puede alterar el flujo del comercio.
El estudio identifica entre estos puntos críticos a diversas vías estratégicas como el Estrecho de Ormuz, el Canal de Panamá, el Canal de Suez o los grandes puertos, además de redes de comercio y logística que incluyen servicios de transporte marítimo, seguros, flotas mercantes y otros sistemas esenciales para la movilización de bienes a nivel global. Según la consultora, estos nodos «pueden convertirse rápidamente en fuentes de disrupción» y, por ello, las empresas y compañías deben comprender su exposición y fortalecer su capacidad de respuesta.
La reciente disrupción en el Estrecho de Ormuz constituye el principal ejemplo analizado por McKinsey. La consultora sostiene que este episodio demuestra que los efectos de una interrupción logística no se distribuyen de manera uniforme, ya que dependen del grado de exposición de cada compañía, de la concentración de sus proveedores, de la dependencia de determinadas rutas y de la rapidez con que pueda acceder a alternativas.
En este contexto, el análisis señala que «las organizaciones que han establecido un conjunto diversificado de proveedores, cuentan con contratos logísticos flexibles que les permiten cambiar a rutas alternativas o comercializan productos con mayores márgenes pueden adaptarse más rápido o resistir mejor los cambios repentinos».
Impacto más allá del transporte
En una primera etapa, los impactos suelen reflejarse en la capacidad disponible para movilizar carga, el incremento de las primas de seguros marítimos y el aumento de los tiempos de tránsito. Posteriormente pueden aparecer recargos logísticos, priorización de determinados clientes o mercados y declaraciones de fuerza mayor que afectan el cumplimiento de contratos.
Para los responsables de la planificación logística, la velocidad con que se desarrollan estos efectos constituye uno de los principales desafíos. Como advierte McKinsey, «cuando los efectos de la disrupción aparecen como erosión de márgenes o destrucción de demanda, la ventana de respuesta puede haberse reducido significativamente».
A partir de estas experiencias, el estudio plantea que la planificación logística debe sustentarse en una comprensión mucho más detallada de las cadenas de suministro. La consultora indica que muchas compañías aún carecen de visibilidad más allá de sus proveedores de primer nivel, lo que dificulta identificar dependencias ocultas tanto en proveedores como en rutas marítimas, niveles de inventario, especificaciones de sustitución o compromisos de servicio con los clientes.
En consecuencia, recomienda que las compañías evalúen previamente hasta qué punto su exposición puede mitigarse mediante el redireccionamiento de rutas, el reemplazo de proveedores o la sustitución de determinados insumos, diferenciando aquellas vulnerabilidades que representan un inconveniente operativo de las que constituyen un riesgo estratégico.
El análisis añade que las organizaciones también deben prepararse para escenarios de distinta duración. Algunas interrupciones pueden resolverse en pocas semanas, mientras otras pueden provocar cambios estructurales en las rutas marítimas y comerciales en general y en la configuración de las cadenas logísticas. Distinguir entre ambos escenarios resulta fundamental para definir respuestas proporcionales y evitar tanto una reacción insuficiente como inversiones permanentes frente a problemas transitorios.
En ese contexto, McKinsey concluye que la resiliencia logística ya no depende únicamente de mantener mayores inventarios. «Los ejecutivos líderes deben ir más allá de la resiliencia genérica e identificar dónde depende su organización de estos puntos críticos, cuantificar el valor en riesgo, determinar si la exposición puede redireccionarse, reemplazarse o sustituirse y decidir con anticipación dónde construir alternativas antes de que ocurra la próxima interrupción.»
Recomendaciones para fortalecer la planificación logística
- Mapear integralmente la cadena de suministro, incluyendo rutas marítimas y comerciales en general, niveles de inventario y compromisos de servicio con los clientes.
- Desarrollar escenarios de interrupción que contemplen efectos de segundo y tercer orden sobre la operación.
- Elaborar planes de respuesta con responsables, criterios de activación y acciones previamente definidas.
- Implementar sistemas permanentes de monitoreo para detectar oportunamente la evolución de los puntos críticos.
- Realizar simulaciones periódicas que permitan actualizar los planes de contingencia y fortalecer la capacidad de respuesta organizacional.
Fuente: Mundo Marítimo

